sábado, 24 de mayo de 2008

La materia

La simplificación dada a los profanos del modelo atómico, del modelo electromagnético y del resto de objetos de la física moderna crea un espacio de conocimiento agradable y seguro, pero ese espacio es el equivalente, en dos dimensiones, a un callejón sin salida, bien decorado, eso sí. En tres dimensiones sería un túnel sin salida, un espacio cerrado de contención para el pensamiento.

El modelo atómico de Niels Bohr, con todos sus refinamientos posteriores, nos muestra un conjunto cada vez mayor de partículas. Éstas se presentan como esquivos objetos independientes que se relacionan entre sí.

Sin embargo ese conjunto de partículas sólo se fabrican en los grandes aceleradores como el LHC (el gran colisionador de hadrones del CERN en Ginebra) según avanzan las necesidades de las matemáticas de las teorías cuánticas.

¿Existen realmente esas partículas, o, simplemente, el análisis de los resultados de los detectores de esas grandes máquinas se asimilan a lo esperado por las soluciones a las ecuaciones matemáticas?

Sería más fácil y, yo creo, más razonable, suponer que el inicio del universo, sea cual sea ese inicio, sólo creara un tipo de objeto, seguramente pequeño, muy pequeño, del orden de la longitud de Plank (10-35 m) y que diferentes agrupaciones de ese objeto dieran como resultado la variedad de partículas que vamos conociendo.

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